Sikasso de día
La ciudad de Sikasso es un gran mercado, una maraña de calles con puestos y precarios locales, a veces con cuatro paredes y a veces ni eso. Las casas raramente superan la planta baja, y muchas tienen por delante una pobre estructura de madera, bajo la cual se pone en venta cualquier cosa que contribuya a que la familia subsista. Esto le da a la ciudad un aspecto de gigantesco mercado ambulante, con un frenético ir y venir de gente por todos lados, andando, portando productos sobre la cabeza, en motos, bicicletas, carros, y los menos en coches.
En este caos parece complicado orientarse por la ciudad. Tomo de referencia un puesto con neumáticos apilados en el suelo de tierra, formando columnas negras inclinadas, a punto de desmoronarse. Pero al poco la referencia se desmorona. En la misma calle, cien metros más adelante, hay otro negocio muy parecido, y unos metros más allá otro. Lo mismo ocurre con cualquier puesto o cualquier negocio, se repite hasta el infinito. Lo mejor es orientarse con los dibujos en las fachadas de los locales que tienen pared. En Malí, los materiales son caros y la mano de obra barata, por ello, como los carteles no son asequibles, los dueños encargan pintar en su pared un dibujo que llame la atención de la gente. En la pescadería la palabra (poissonerie) y varios pescados. En la peluquería (coiffure) y jóvenes con un peinado llamativo. En una sastrería trajes y camisas de moda. En la casa de fotografía, dibujos de gente con un rostro favorecido, posando como para una foto de carnet.
Una rotonda tiene un elefante de piedra. En un lateral hay un dibujo en un muro cuarteado, que recuerda a los héroes locales que se opusieron a los franceses, durante la colonización. A veces docenas de hombres y niños forma delante un círculo, dentro del cual da vueltas un hombre alto, con mirada seria y ojos penetrantes. Es un fetiché, una especie de brujo. Habla en bambara con frases cortas y firmes, creando un ambiente trascendental. Un joven acompañante pone ritmo con unos tambores pequeños, y todos siguen su discurso sin pestañear. Hay una sábana extendida en el suelo, y sobre ella bolsitas de plástico, rellenas de productos con propiedades curativas. Cuando termina de hablar todos aplauden.
Sikasso de Noche
La noche en Sikasso es oscura, no hay apenas farolas. En las calles principales sólo los comercios aportan algo de iluminación. Muchos son parte de una casa, y se mantiene abierto hasta que todos sus ocupantes se duermen. Es posible cortarse el pelo a las doce de la noche en una peluquería, y esto no supondría ningún enfado para el dueño, al contrario, sería una suerte hacer algo de dinero. También hay luz en las sastrerías. Al llegar a su altura se escucha el traqueteo de las máquinas de coser. Se adivinan las siluetas de varios hombres sentados, a través de una tela que hace de puerta. Trabajarán hasta muy tarde, para que las familias tengan al día siguiente sus encargos.
Las calles secundarias son más oscuras aún. No están asfaltadas, y hay que caminar por ellas despacio, para no tropezar. La oscuridad sólo se rompe con el faro de alguna moto, que circula con cuidado de no caer con los baches, o el tubo fluorescente de algún comercio, en el que algún joven hace guardia acompañado de sus amigos. No tienen prisas por acostarse, ríen y celebran la noche tomando un té. En algunas casas la gente saca sillas a la puerta de la calle. Conversa con la familia y con los vecinos, como en los pueblos de Andalucía. Como allí, la luna creciente es una tajada de sandía, aunque en esta parte del mundo no está inclinada, se ve tumbada, horizontal, como una cuna sobre una mesa invisible.