En China, cuando llegas a una ciudad para visitar algo, tardas en verlo, porque primero tienes que adentrarte en la urbe, y las poblaciones son enormes. Cuando llegamos a Chengdu, de la que no había escuchado antes su nombre, me contaron que tenía catorce millones de habitantes. Casi tres veces el área metropolitana de Madrid, y bastante más que la región en donde vivo, Andalucía. Lo primero que te preguntas es: ¿cómo puede vivir tanta gente aquí?…

Algo que me llamó la atención al entrar en las ciudades fueron los edificios. Me vino a la cabeza el nombre de “viviendas-colmena”. En verdad no debían de ser tan extrañas, torres de viviendas como puede haber en cualquier otra ciudad del mundo, aunque allí tienen algo peculiar; todas tienen un extraño parecido. Al ser fruto de la planificación del estado están cortadas por un mismo patrón, que se repite por todas las ciudades del país. Parece que este método se inició hace unos años con torres de dos pisos de ancho que se elevan hasta unas veinticinco plantas de altura. Este bloque básico se une a otros y forman una manzana aislada, y entre cada manzana hay un área considerable de zonas verdes y aparcamientos. Con el tiempo han ido incrementando en altura, y las he visto hasta de cuarenta plantas. Además, he leído que estos barrios los “fabrican” en apenas un año, aunque son tan parecidos unos a otros, y en todas las ciudades, que da la impresión de que cada edificio de viviendas es fabricado en algún lugar de China y luego los trasladan por algún método mágico. Pero el hecho es que conforman un paisaje curioso. La separación entre manzanas, la uniformidad de colores y sus grandes y diferentes alturas, hacen que cuando transitas por una gran avenida tengas la sensación de pasar por un valle entre montañas. Sólo que en este caso las montañas han sido fabricadas por el hombre.