En el Sacro Imperio Romano, que se extendía por lo que hoy conocemos por Alemania, Austria, Chequia y varios países más, no existía una capital como hoy la conocemos. El emperador no tenía una ciudad fija desde donde dirigir su imperio, sino que viajaba por sus dominios entre varias ciudades, donde se le acogía en un castillo o en un palacio. Allí pasaba semanas o meses gobernando e impartiendo justicia. Ésta ciudades veían aumentar su comercio y su importancia con la estancia del emperador, por lo que, cuando éste llegaba, se le daba una gran acogida con fiestas y banquetes. Competían porque el emperador las visitase, en un juego de seducción entre ciudades y monarca.

Núremberg era una de estas ciudades, y para festejar un acto importante por el cual se estableció que el Emperador sería elegido por un consejo compuesto por varios príncipes, se instaló en la iglesia de la plaza del mercado un reloj mecánico. Todos los días, desde 1506, a las doce de la mañana, los príncipes electores desfilan frente a su Emperador.